La inteligencia artificial (IA) domina los mercados financieros en 2025. Lo que comenzó como una disrupción tecnológica se transformó en un fenómeno bursátil global. En el centro de esa euforia está Nvidia (NVDA), símbolo del boom y proveedor clave de la infraestructura que impulsa los grandes modelos de lenguaje y el cómputo del futuro.
Sus GPUs son los picos y palas de una nueva fiebre del oro digital. Pero su éxito descomunal ha despertado una duda inevitable: ¿estamos ante una burbuja como la puntocom del 2000 o frente al inicio de una nueva era industrial? El debate parece binario, pero los datos financieros, la historia y el sentimiento del mercado revelan una realidad más compleja.
Nvidia como termómetro del mercado
En su último trimestre, Nvidia reportó ingresos por 46.7 mil millones de dólares, un alza del 56 % interanual, con márgenes netos superiores al 50 %, algo excepcional en el sector. A diferencia del 2000, Nvidia factura a clientes reales: Meta, Google, Microsoft y Amazon, los mismos que construyen la infraestructura global de IA.
La capitalización de Nvidia —que rozó los 4.5 billones de dólares en 2025, ocupando el primer puesto a nivel mundial— ha despertado inevitablemente las comparaciones con Cisco Systems en la burbuja del 2000. Cisco llegó a valer 500 mil millones de dólares antes de desplomarse más del 85 %. Dos décadas después, el internet triunfó, pero Cisco nunca volvió a sus máximos.
Durante aquel auge, según datos de The Wall Street Journal, Cisco cotizaba a un múltiplo precio/beneficio (P/E) de 189x trailing y 135x forward, reflejo de una fe ciega en el crecimiento infinito. Nvidia, en cambio, ronda 55x trailing y 30x forward, de acuerdo con estimaciones de Reuters y Yahoo Finance. Es una valoración exigente, pero no delirante. La diferencia clave: Cisco vendía promesas; Nvidia, resultados.
Entre 2022 y 2025, su facturación se triplicó, impulsada por la demanda global de cómputo acelerado. Pero su acción subió más de 1,000 % en el mismo periodo. ¿Cuánto crecimiento futuro ya está incorporado en el precio? Los beneficios acompañan la narrativa, pero las valoraciones descansan en expectativas. El mercado asume un crecimiento ininterrumpido —una hipótesis optimista y frágil.
Un gráfico compartido por Speculator_io en X, sintetiza el dilema actual realizando una comparativa entre el precio y las ganancias proyectadas de Cisco (2000) y Nvidia (2025).

Durante la burbuja puntocom, el precio de Cisco se desconectó por completo de sus beneficios: la narrativa se infló más rápido que los fundamentos hasta que el mercado corrigió con violencia. Nvidia, en cambio, muestra una aparente armonía entre su precio y las ganancias proyectadas, lo que sugiere un equilibrio más sano entre expectativas y resultados.
Sin embargo, ese paralelismo puede ser engañoso. Las ganancias que acompañan al precio son proyecciones a doce meses basadas en estimaciones de analistas. No son flujos de caja reales, sino expectativas. Y las burbujas —como recuerda la historia— se alimentan precisamente de eso. Mientras las previsiones se mantienen, el mercado flota; cuando se revisan a la baja, todo se reordena.
El forward EPS es una brújula útil, pero también un espejo distorsionado: refleja optimismo, no realidad. En 2000, esas proyecciones subían trimestre tras trimestre… hasta que se desplomaron junto con la confianza. El contraste con el trailing EPS, basado en beneficios ya realizados, sigue siendo el mejor detector de euforia: cuanto mayor es la brecha, más frágil es la historia que sostiene el precio.
Aun con esas diferencias, las lecciones de Cisco permanecen. Nvidia ocupa hoy el mismo papel estructural —la columna vertebral de una revolución tecnológica—, pero con rentabilidad tangible y márgenes récord. La IA ya opera a escala industrial, mientras que en 2000 el internet aún era una promesa. En esencia, Nvidia combina fundamentos sólidos con expectativas ambiciosas. Su éxito financiero es real, pero depende de un ciclo de inversión que podría no sostenerse si los clientes que compran sus chips no logran monetizar el boom de la IA.
El espejismo de los ingresos circulares
Los paralelismos con el 2000 son cada vez más incómodos. Más allá de los múltiplos, el verdadero signo de alerta del boom de la IA podría estar en la dirección del dinero. El ecosistema actual funciona como un circuito cerrado donde las mismas megacorporaciones —Microsoft, Nvidia, Oracle, AMD, OpenAI, xAI y CoreWeave— se compran, financian e invierten entre sí. El crecimiento de ingresos de una suele ser, simultáneamente, el gasto de otra. El siguiente gráfico, difundido recientemente en Bloomberg News, ilustra con claridad esta red de interdependencias.

El fenómeno se observa en los flujos cruzados del sector: OpenAI recibe inversión de Microsoft y Nvidia, pero destina miles de millones a comprar GPUs de Nvidia y contratar infraestructura en Oracle Cloud. AMD suministra chips a OpenAI mientras Nvidia adquiere participaciones en la misma empresa. Oracle, por su parte, compra hardware Nvidia para ofrecer servicios cloud a los mismos clientes que financian a OpenAI.
El resultado es un espejismo contable: los ingresos crecen en cascada, pero el flujo neto de dinero real que entra al sistema es limitado. En términos simples, el ecosistema se financia a sí mismo. La demanda existe —los centros de datos se están construyendo—, pero la dependencia mutua genera una fragilidad estructural: si uno de los grandes reduce su gasto, los ingresos del resto se contraen al unísono. Así, la posible burbuja no estaría tanto en los precios, sino en la concentración de clientes y la circularidad de ingresos.
Y esa fragilidad no se limita a los balances. Detrás del crecimiento desbordado emerge un nuevo riesgo silencioso: la deuda oculta que sostiene esta expansión. Según Morgan Stanley y UBS, el crecimiento del sector ya no se financia solo con flujo de caja, sino con vehículos de propósito especial (SPVs) y estructuras off-balance-sheet que recuerdan peligrosamente a las maniobras financieras de 2008.
Las cifras son alarmantes.
- Meta habría trasladado 30 mil millones de dólares en deuda de infraestructura a un SPV conjunto con Blue Owl Capital, lo que le permite emitir otros 30 mil millones en bonos fuera de su balance.
- xAI, de Elon Musk, planea un SPV de 20 mil millones para alquilar GPUs de Nvidia durante cinco años, limitando su exposición contable.
- Google estaría respaldando deuda de centros de datos de mineras de cripto mediante derivados de crédito.
Morgan Stanley estima que las grandes tecnológicas requerirán hasta 800 mil millones de dólares en financiamiento privado fuera de balance para 2028, y UBS advierte que la llamada AI debt crece a un ritmo de 100 mil millones por trimestre.
El problema es que el apalancamiento ya no está en los balances, sino entre ellos. Para apreciarlo hay que leer entre líneas. Los chips de IA tienen una vida útil de apenas cinco o seis años, pero se financian a plazos más largos. Las empresas arriendan en lugar de poseer, y los pasivos se diluyen entre fondos privados, bancos sombra y SPVs que escapan a la supervisión tradicional.
En resumen: el crecimiento de la IA se nutre de deuda invisible. Por ahora, la liquidez abunda y el crédito fluye, pero la opacidad del apalancamiento podría convertir una desaceleración repentina en un ajuste violento. Mientras el mercado celebra los récords de Nvidia, bajo la superficie se acumula un riesgo menos visible: un ecosistema hiperconectado, circular y apalancado.
Radiografía del sentimiento de mercado
Se analizaron más de 600 comentarios en Reddit y Twitter relacionados con Nvidia y la burbuja de IA. Tras la depuración y categorización de estas interacciones, se identificaron tres corrientes dominantes:
🟢 Alcistas fundamentados (~35 %)
- Nvidia no es humo: vende hardware real y cobra en efectivo.
- El P/E actual (~50x) es exigente pero no desorbitado frente al 140x de Cisco en 2000.
- El exceso de liquidez global ($7T en money market funds) podría seguir sosteniendo los precios de activos.
- Casos como Amazon en 2000 demuestran que lo que parecía burbuja puede validarse con el tiempo.
🔴 Bajistas estructurales (~40 %)
- Los “earnings” son circulares: las mismas 6–8 empresas se compran entre sí hardware financiado con crédito y subsidios.
- Clientes de Nvidia aún no son rentables; si se corta la financiación, la demanda colapsa.
- Riesgo de contabilidad creativa: roundtripping de GPUs, créditos cruzados e ingresos inflados.
- Varios comentarios comparan a Nvidia con Enron: beneficios en papel más que en caja real.
🟡 Escépticos técnicos (~25 %)
- El forward EPS puede revisarse a la baja como ocurrió en 1999, afectando múltiplos.
- El verdadero reto no es fabricar chips, sino generar ROI medible en clientes.
- Señalan el consumo energético y los cuellos de botella en data centers como frenos al crecimiento.
- “Earnings no son cash”: advierten que las métricas contables no reflejan sostenibilidad de flujos.
Existe una evidente falta de consenso en la comunidad minorista. Para algunos, Nvidia es el termómetro de esta fiebre; para otros, el peor ejemplo porque sus beneficios aún respaldan la narrativa. Pero el verdadero desafío no está en la tecnología, sino en la economía real: energía, financiamiento y rentabilidad.
Mientras el público discute en redes sociales, algunos veteranos del mercado ya han tomado posición. Michael Burry, el mismo que anticipó la crisis de 2008, ha vuelto a escena. Su más reciente reporte 13F revela que el 66 % de su portafolio está invertido en puts de Palantir (PLTR) y otro 13.5 % en puts de Nvidia. En conjunto, casi el 80 % de sus apuestas van contra las compañías más emblemáticas del auge de la IA. Históricamente, Burry ha estado temprano más de una vez… pero pocas veces ha estado equivocado por completo.
Por su parte, Jensen Huang, CEO de Nvidia, intenta mantener el control de la historia. “No estamos en una burbuja”, declaró recientemente. Su empresa, conviene recordarlo, ha subido más de 3 300 % desde 2020. Cuando el líder de una compañía que multiplicó por 33 su valor afirma que “esto es sostenible”, es razonable interpretarlo con escepticismo.
Más preocupante que la euforia es la unanimidad. De los 87 analistas que cubren Nvidia según TipRanks, todas las recomendaciones son de compra. Un consenso del 100 % que asume la continuidad del rally. Ese tipo de homogeneidad suele preceder los ajustes más violentos. Incluso Sam Altman, CEO de OpenAI, reconoció recientemente: “estamos en una burbuja de IA.” La historia se repite con otro disfraz: en 1999 el mantra era “esta vez es diferente”; en 2025, el eco resuena como “la IA lo cambiará todo.”

Desde el frente institucional, Goldman Sachs ofrece una lectura más matizada. En un reciente informe, su estratega jefe Peter Oppenheimer relativizó el concepto de burbuja: “Si el precio justo de un activo es simplemente lo que alguien está dispuesto a pagar, el debate sobre sobrevaloración se convierte en un ejercicio de alarma colectiva.” El banco comparó las fases más exuberantes del mercado —desde las Nifty Fifty hasta la era puntocom— con las métricas actuales de las Magnificent 7. Su conclusión es clara: las valoraciones son altas, pero no irracionales.
En síntesis, el mercado no percibe todavía una burbuja plenamente formada, pero sí un optimismo extremo. Los inversores más entusiastas creen que la IA generará una nueva era de productividad capaz de justificar cualquier precio; los escépticos recuerdan la lección de Cisco: incluso las empresas dominantes pueden desplomarse si la revolución tecnológica avanza más lento de lo previsto.
Conclusión: fuego real, humo especulativo
Nvidia es una empresa excepcional, pero su valoración se apoya en expectativas colosales. La inteligencia artificial no es humo: está transformando industrias. Sin embargo, el mercado parece haber descontado años de crecimiento lineal, sin choques regulatorios, energéticos ni competitivos. La historia enseña que ningún ciclo de euforia es eterno; lo que empieza con innovación suele terminar con ajuste.
El debate no es si hay o no burbuja, sino dónde y quién la pagará cuando se pinche. ¿El proveedor de hardware? ¿Los clientes que invierten sin retorno? ¿O los accionistas que compraron narrativa antes que flujos? En este ecosistema circular, el riesgo no está tanto en Nvidia, sino en la concentración de beneficios, el apalancamiento oculto y la fragilidad de la cadena de gasto que la sostiene.
Nvidia puede ser a la vez burbuja y revolución. Burbuja, porque las valoraciones descuentan un futuro que podría no llegar; revolución, porque la IA ya genera productividad real en salud, finanzas y manufactura. El desenlace dependerá de si el Capex se convierte en productividad o se evapora en promesas. Si la IA cumple su promesa, Nvidia será el Amazon de esta década. Si no, su destino puede parecerse más al de Cisco en 2000: una gran empresa atrapada por expectativas imposibles.
En última instancia, la diferencia entre una revolución y una burbuja no está en la narrativa, sino en quién se queda con el dinero cuando la música se detiene. El fuego es real, pero el humo también.
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