¿Cuántos activos debe tener un portafolio? Menos de los que crees

Desde los cursos básicos de finanzas personales hasta los grandes manuales de inversión institucional, la narrativa es clara: “No pongas todos los huevos en la misma canasta.” Suena razonable, pero lo que casi nadie te dice es que agregar más activos a tu portafolio no garantiza mejor protección, ni mayor rentabilidad. De hecho, a partir de cierto punto, diversificar puede volverse contraproducente. Y en este artículo vamos a demostrarlo. 😉

El mantra de la diversificación: ¿sabiduría o simplificación?

Harry Markowitz, padre de la teoría moderna de portafolio, lo dejó claro en 1952: la clave está en las correlaciones. No se trata de cuántos activos tienes, sino de cómo interactúan entre sí.

“Una cartera bien diversificada no es la que tiene más activos, sino la que combina activos con menor correlación entre ellos.”

Para entender esto, volvamos a lo básico. El riesgo de un portafolio tiene dos componentes:

  • Riesgo sistemático: el que afecta a todo el mercado (crisis, tasas de interés, inflación).
  • Riesgo no sistemático: el propio de cada activo (mala administración, caída de ventas, litigios).

La diversificación solo reduce el riesgo no sistemático. No importa cuántos activos tengas, el riesgo sistemático siempre estará ahí. Y aquí viene la primera gran revelación:

“Agregar más activos no reduce el riesgo sistemático. Solo diluye tu exposición individual.”

Diversificar sin pensar puede darte una falsa sensación de seguridad

Para ilustrar por qué la cantidad de activos no garantiza una diversificación real, analicemos un ejemplo —reinterpretado y adaptado completamente con fines educativos— que encontré durante mi preparación para el examen CFA Program Level I en mayo de 20251.

Imagina que estás construyendo tu portafolio de inversiones y encuentras una empresa atractiva: Beachwear, que renta equipo de playa. Su rendimiento anual es del 20 % en años soleados y del 0 % en años lluviosos. Dado que históricamente la probabilidad de ambos escenarios climáticos es del 50 %, el retorno esperado es del 10 %.

Como has escuchado que “diversificar reduce el riesgo”, decides agregar otro negocio a tu portafolio. Encuentras una segunda empresa en la misma playa: Snackshop, que vende alimentos saludables. También depende del clima: 20 % en años soleados, 0 % en años lluviosos. El retorno esperado es el mismo: 10 %.

Supongamos que inviertes el 50 % en cada una. El resultado es el siguiente:

AñoRetorno BeachwearRetorno SnackshopPortafolio Total
Soleado20%20%20%
Lluvioso0%0%0%
Promedio10%10%10%

Este resultado puede parecer contraintuitivo. Aunque añadiste un segundo activo, el riesgo total no cambió. ¿Por qué?

Porque ambos negocios dependen del mismo factor subyacente: el clima. Cuando uno gana, el otro también. Cuando uno pierde, el otro también. La correlación entre ambos es perfecta (+1.0). En otras palabras: no hay diversificación efectiva.

Para reducir el riesgo, lo que realmente necesitas es un activo que se desempeñe bien cuando el otro no lo hace. Supongamos que ahora combinas Beachwear con DVDrental, una empresa que renta películas… y prospera precisamente cuando llueve.

Su rendimiento anual es del 20 % en años lluviosos y del 0 % en años soleados, con el mismo retorno esperado: 10 %.

Si inviertes el 50 % en cada una, el resultado cambia radicalmente:

AñoRetorno BeachwearRetorno DVDrentalPortafolio Total
Soleado20%0%10%
Lluvioso0%20%10%
Promedio10%10%10%

Ahora sí: redujiste el riesgo drásticamente. De hecho, lo eliminaste por completo. El portafolio entrega el mismo rendimiento esperado (10 %) sin importar las condiciones climáticas. ¿Por qué?

Porque los retornos de ambas empresas están perfectamente correlacionados de forma negativa (–1.0). Cuando una gana, la otra pierde, y viceversa. El efecto combinado anula la volatilidad, pero conserva la rentabilidad. Esa es la verdadera diversificación.

La trampa de la falsa diversificación

Como vimos antes, no importa cuántos activos tengas si todos responden al mismo estímulo. Si el factor dominante —como el clima en nuestro ejemplo— afecta a todos por igual, no estás diversificando: solo estás replicando el mismo riesgo con distintos nombres.

Este error no es exclusivo de inversionistas novatos. También aparece en decisiones que parecen razonables, como invertir en la empresa donde trabajas. Muchas compañías incentivan a sus empleados a comprar acciones corporativas mediante planes de participación o fondos de pensiones. A simple vista, suena lógico: alinear intereses. Pero, en realidad, es una forma sutil de concentración de riesgo. Ya dependes de tu empresa para tu salario, ascensos y estabilidad. Si además inviertes tu patrimonio en sus acciones, duplicas tu exposición. Una sola crisis puede impactar tu empleo y tu portafolio. En este caso, diversificar podría significar precisamente no añadir ese activo a tu cartera.

Un error similar, aunque más silencioso, es el de acumular ETFs sin analizar su composición. El inversionista compra un ETF del Nasdaq, luego uno del S&P 500, después uno “tecnológico global”… sin notar que ha comprado Apple tres veces. Microsoft tres veces. Amazon tres veces. El número de posiciones sube, sí, pero la exposición efectiva no cambia. El riesgo sistemático permanece intacto. Cuando el mercado corrige, caen todos juntos. Si todo cae al mismo tiempo, es que nunca estuviste realmente diversificado.

Incluso al ampliar el número de activos, la correlación entre ellos sigue siendo el principal determinante del riesgo del portafolio. Por eso, construir una cartera robusta implica seleccionar activos que reaccionen de manera distinta ante los mismos eventos. Hay muchos enfoques posibles: por clase de activo (renta fija, acciones, commodities), por sector o industria, por región geográfica, o incluso por estilo de inversión. Pero todos comparten una condición esencial: evaluar cada activo antes de incluirlo.

¿Por qué? Porque diversificar tiene costos: más análisis, más monitoreo, más comisiones. Y no todos los activos que parecen distintos realmente agregan valor. Para decidir si incluir uno nuevo en el portafolio, existe una regla técnica que vale recordar:

\frac{E(R_{\text{nuevo}}) - R_f}{\sigma_{\text{nuevo}}} > \left( \frac{E(R_{\text{portafolio}}) - R_f}{\sigma_{\text{portafolio}}} \right) \times \rho_{\text{nuevo, portafolio}}

Traducido en palabras: el rendimiento ajustado al riesgo del nuevo activo debe ser suficientemente alto y su correlación con el portafolio existente debe ser baja. Solo así se mejora la eficiencia del conjunto. Diversificar no es sumar por sumar; es seleccionar estratégicamente lo que aporta resiliencia. Cuando el riesgo se compensa, determinar cuántos activos debe tener un portafolio deja de ser una carrera de volumen y se convierte en diseño.

Pero, ¿y si una acción parece excelente… pero no mejora el portafolio?

Supongamos que haces tu tarea. Analizas una empresa a fondo, modelas flujos, haces valoración conservadora y concluyes que está claramente infravalorada. Tiene un alto margen de seguridad. Todo indica: es una gran oportunidad.

Pero al evaluar su impacto en tu portafolio actual, descubres que no mejora el rendimiento ajustado al riesgo. Tal vez su volatilidad es alta, su correlación con tus otros activos también, o simplemente desplaza una posición más eficiente. Entonces, ¿qué haces?

Aquí entra el criterio profesional. La frontera eficiente no es una cárcel. Es una guía. Si el activo tiene un valor intrínseco claramente superior al precio, y tu análisis es robusto, puedes aceptar un ligero sacrificio en métricas agregadas a cambio de una oportunidad asimétrica.

En otras palabras: a veces, vale la pena incorporar un activo por su calidad absoluta, aunque no mejore la geometría del conjunto.

La clave está en entender el por qué de la decisión. ¿Estás comprando una narrativa? ¿O estás comprando valor con fundamento? Invertir no es solo optimización cuantitativa; también es juicio estratégico. Y en portafolios bien construidos, hay espacio para decisiones que, aunque no sean “perfectas” en teoría, aportan convicción en la práctica.

Es por eso que invertir no es una ciencia exacta, sino un arte riguroso. Un equilibrio entre análisis y criterio, entre modelos y matices. La frontera eficiente puede marcar el camino, pero la última palabra siempre la tiene la mente, que decide.

Conclusión: ¿cuántos activos necesitas?

Markowitz nunca propuso un “número mágico” de activos. Pero desde entonces, múltiples estudios han intentado trazar esa frontera difusa, aportando criterios claros para responder cuántos activos debe tener un portafolio realmente diversificado según el riesgo, la correlación y la escala del inversor.

  • Evans & Archer (1968) mostraron que con solo 15 a 20 acciones seleccionadas al azar ya se elimina la mayoría del riesgo no sistemático.
  • Statman (1987) propuso elevar ese umbral a 30 para lograr mayor estabilidad en la reducción del riesgo total.
  • Clarke, Statman y Beebower (1994) concluyeron que más allá de 60 activos, las mejoras en la relación riesgo-retorno se diluyen hasta volverse insignificantes.

El siguiente gráfico ilustra la curva de beneficios decrecientes de la diversificación: el riesgo específico se diluye con rapidez al principio, pero llega un punto en que añadir más activos solo complica la gestión… sin reducir el riesgo real.

¿Cuántos activos debe tener un portafolio? - Curva de beneficios decrecientes de la diversificación
Fuente: elaboración propia a partir de Evans & Archer (1968).

El gráfico muestra que con apenas 30 activos seleccionados al azar —sin saber si eran buenas o malas inversiones— se elimina la mayor parte del riesgo no sistemático. Esta simulación clásica, basada en acciones estadounidenses tomadas sin filtros, con pesos iguales y bajo el supuesto de correlaciones estables, revela una verdad incómoda: la diversificación estadística funciona incluso sin saber invertir 🤯, siempre que no repitas el mismo tipo de riesgo.

¿Dónde está el punto de equilibrio? Entre 20 y 30 activos bien seleccionados. Más allá de eso, los beneficios se vuelven marginales, pero los costos —en seguimiento, análisis y complejidad— aumentan con rapidez.

La clave no es la cantidad, sino el diseño. Un portafolio con 12 activos elegidos con intención puede ser más resiliente que uno con 100 activos que estén de moda. Muchos inversionistas minoristas creen que necesitan 50 o 100 posiciones “para jugar como los grandes”. Pero los grandes diversifican así porque administran miles de millones, no porque sea óptimo a escala personal.

Para un portafolio personal, no se trata de llenar un carrito con tickers, sino de construir un sistema coherente. Y todo sistema sólido, exige tres cosas: intención (saber qué incluyes y por qué), criterio (evitar redundancias disfrazadas de variedad) y evaluación constante (porque las correlaciones cambian). Un solo principio basta para no perder el rumbo: invierte solo en lo que entiendes y puedes monitorear. Todo lo demás no es diversificación. Es desorden elegante.

Así que volvamos a la pregunta inicial: ¿cuántos activos debe tener un portafolio?

Los suficientes para cubrir inteligentemente los riesgos que importan. Ni uno más.

  • Si tu portafolio tiene menos de 10 activos, probablemente estás sobreexpuesto.
  • Si tiene más de 30 y no puedes explicar la razón de cada uno, probablemente estás disfrazando tu inseguridad con diversificación.
  • Si tienes entre 15 y 25 activos bien seleccionados, con baja correlación y cobertura estratégica, probablemente estás cerca del punto óptimo.

La diversificación no es una receta. Es una decisión estratégica. Y como toda estrategia, exige pensamiento crítico, no automatismo.

¿Te interesa construir un portafolio realmente diversificado? Visita la sección de Recursos donde podrás descargar de forma gratuita una plantilla en Excel para la optimización de portafolios que calcula rendimientos, volatilidad y correlaciones para hasta 30 activos.

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¡Saludos! 👋

  1. Ejemplo adaptado a partir del CFA Program Curriculum 2024, Level I, Volumen 2, páginas 31–33, sección “Portfolio Risk and Return: Part I – The Power of Diversification”. Todos los derechos del material original pertenecen a CFA Institute. ↩︎

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